- Mié, 10/02/2010 - 19:00
Sometimiento del espacio público a la lógica del tráfico
Antes que nada, habría que plantearse qué es exactamente el "espacio público". Solamente queremos plantear un puñado de preguntas para reflexionar un poco: ¿Se trata de un lugar abierto donde todas las personas, cosas, animales, plantas, microbios,... pueden entrar libremente y usarlo, también, libremente? ¿Hay restricciones en su uso, en el número de usuarios, en el tiempo de utilización? ¿Y si las hay, están reguladas por ley? ¿Por qué ley?, ¿corresponden al sentido común?, ¿a las posibilidades físicas que ofrece ese espacio? ¿Cuando se habla de "espacio público" estamos entendiendo todas las personas la misma idea, o cada cual tiene su propio concepto de "espacio público"? ¿Varía este concepto de unos países a otros? ¿Y son espacios abiertos o cerrados? ¿Una estación de tren es "espacio público"? ¿Tiene derecho un león a caminar tranquilamente por la calle (que es espacio público)? ¿Y por el campo (que también es espacio público)? ¿Tiene derecho una rapaz a sobrevolar una avenida a un metro de altura? ¿Tiene derecho un niño a correr solo por el parque? ¿Y por la acera? ¿Y por un paso de peatones? ¿Se puede dejar un armario en un aparcamiento durante cuatro días? ¿Y un coche durante un mes? ¿Se pueden sentar cinco personas alrededor de una mesa a cenar en mitad de la acera? ¿Puedo cocinar unas lentejas en la calzada?
Está claro que el "espacio público", independientemente de lo que signifique, la definición que se haya podido adoptar en la Real Academia, en la práctica es un lugar que solamente puede ser usado por un tipo de seres y bajo unas determinadas condiciones, y que hay distintos tipos de espacios públicos. Y esto es así porque alguien, con apariencia humana, lo ha decidido. Que sepamos, la tierra no traía ningún manual de instrucciones. Las instrucciones se han establecido en virtud de un funcionamiento concreto. Además, el manejo del espacio que nos corresponde a todos los seres del mundo, está vigilado y controlado por unos instructores que velan por su "correcto" funcionamiento. El hecho es que esas instrucciones solamente las pueden aprender y aplicar un tipo de seres vivos, que justamente son seres humanos con capacidad mental para ello. El riesgo de no cumplir debidamente con los preceptos de ese compendio de normas puede ser la muerte. Así de sencillo. Ese perro que camina libremente por el espacio público, nunca podrá aprenderse las reglas de uso de su propio espacio, y por ese motivo corre un alto riesgo de perecer si sus movimientos no son controlados por otro ser vivo que sí conozca bien las normativas y que, lógicamente, tendrá también apariencia de ser humano. De la misma manera, los niños han sido desprovistos de libertad en el uso de su propio espacio, para funcionar exactamente igual que cualquier perro, controlados por otra persona para reducir su riesgo de muerte.
Las directrices que hay que seguir están articuladas para dar prioridad sobre todas las cosas a los vehículos motorizados. Los derechos y libertades de uso para el resto de seres están reducidos a la mínima expresión. Todas las personas y animales podrán usar el espacio público transformado en calles únicamente para desplazarse por un lugar estrecho habilitado para ellas. El resto de actividades que se pueden realizar en un lugar exterior que nos pertenece a todos/as, ya no son practicables o legales. Ahora solamente tenemos derechos y obligaciones, pero no libertades, y consisten, básicamente, en desplazarnos.
Los ruidos, humos, suciedad, velocidad, sensación de peligro y estrés provenientes de todos los vehículos motorizados, tampoco facilitan posibilidades de uso distintas del estricto ir y venir. Sencillamente, el espacio público es insufrible para estar en él durante varios minutos por el placer de tomar el aire o el sol.
Por ese motivo, la vida exterior de los seres vivos que habitamos en las ciudades se ha quedado empobrecida hasta niveles ridículos. Las grandes urbes son grandes vertederos donde no se puede estar, solamente se puede pasar. Este comportamiento que las personas civilizadas han aceptado como válido es tan profundamente estúpido que les hace sobrellevar una vida mísera por voluntad propia, por no perder la posibilidad de usar un medio motorizado de vez en cuando. ¡¡Han sacrificado su calidad de vida para poder desplazarse sentados en un vehículo a motor!! Además, están faltando al respeto a todos los que no caemos en la estupidez o en el engaño, porque no tenemos escapatoria.
Los núcleos de población son lugares con una gran densidad de personas compartiendo un espacio limitado. Ese espacio fue en su momento un lugar de convivencia donde era posible la realización social por medio de cualquier tipo de actividad, desde la más sencilla que consistía en charlar con gente. De todas las posibles formas de usar libremente el "espacio público", desplazarse era una más, sin prioridad sobre las demás. Debido a la imposición del movimiento, el resto de usos de la calle han quedado reducidos a una cuestión marginal cuyas posibilidades varían a merced de las decisiones relacionadas con el tráfico. El tráfico manda. La población calla y obedece. Los árboles molestan, los animales y niños pagan su inocencia con el riesgo de ser atropellados. Personas con minusvalías tienen que pedir permiso para vivir. Los que tenemos el gran poder de la asimilación de normas, arriesgamos la vida por despistes propios o ajenos, y por fallos en el sistema de automatización de señales luminosas o nefastas obras públicas.
La normativa no contempla la inocencia ni el despiste. No contempla al ser humano. Solamente a la máquina mortal como si ésta tuviera voluntad y cerebro. Si respetas las normas no pasará nada. ¿Y si no las puedo respetar porque tengo 4 años? ¿O porque soy un gato? ¿O porque soy un conductor que, circulando, me he mareado? El incumplimiento de la ley puede ser o no penalizado dependiendo de las circunstancias, pero del peligro no te libra nadie. Puedes ser un niño, escaparte de la mano de tus padres, salir corriendo y cruzar en rojo, nadie te va a sancionar porque eres un niño, pero a lo mejor te atropellan, y nadie va a sancionar a quien te haya atropellado: mala suerte, chaval, la culpa la tienen tus padres, por despistarse, haciendo uso de su derecho al despiste como seres humanos que son.
Así, las ciudades y lugares donde se congrega la gente para vivir en compañía, dejan unos "espacios públicos" de asfalto comprendidos entre toda la amalgama de "espacios privados" de ladrillo y hormigón, donde la convivencia prácticamente no es posible. Nos vemos obligados a vivir unos encima de otros, a cruzarnos fortuitamente cuando nos desplazamos, y a disfrutar de nuestra compañía en espacios privados, es decir, consumiendo. Está fallando algo fundamental que nos hace vivir bajo unas condiciones de calidad de vida absurdas: el lugar público es peligroso. La primera gran medida es considerar que el "espacio público" nos pertenece a todos, tanto como si fuera una prolongación de nuestra propia casa, y por lo tanto, hay que eliminar el peligro definitivamente. Empezando por el tráfico a motor. Hasta que no se entienda esto, cualquier medida para reducir accidentes o de cualquier otro tipo, no servirá más que para darle una "justa" continuidad a un sistema, este, el capitalista, que consiste en llevarlo todo hasta el límite soportable jugando con el engaño y el Síndrome de Estocolmo metido con calzador en todas las mentes ciudadanas, para que sus víctimas lo defiendan por encima de todas las cosas. Dar por válida la segmentación del espacio público en trozos de calle para cada tipo de desplazamientos, es apostar por la pérdida definitiva de todas las actividades ciudadanas, públicas y gratuitas, que no sean desplazarse, básicamente, porque el espacio queda dividido en franjas de permiso para el paso, demasiado angostas como para proceder con el no movimiento o con desplazamientos transversales, en círculos, u otros que se puedan relacionar con actividades algo distintas (saltar la comba, juegos varios ...), lo cual, te sitúa en una actitud contracorriente y enajenante.
El sistema exige movimientos mecánicos y eficaces, pues lo contrario no es productivo. Pero sobretodo, exige movimiento. El movimiento es la mayor simbolización del gasto y el consumo, y la única alternativa de un sistema que se sostiene en función de que esto ocurra. Así que, señoras y señores, nos hemos cubierto de gloria.
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